Pérdida de memoria: señales que conviene valorar y cómo cuidar la salud cerebral
Olvidar una cita, no recordar dónde hemos dejado un objeto o tardar unos segundos en encontrar una palabra no significa necesariamente que exista una demencia. La memoria puede verse afectada temporalmente por el cansancio, el estrés, la falta de sueño o determinados problemas emocionales y médicos.
Sin embargo, cuando los olvidos se repiten, empeoran o empiezan a interferir en la vida cotidiana, es recomendable consultar con profesionales especializados.
La diferencia no está únicamente en olvidar algo, sino en comprobar si se ha producido un cambio respecto al funcionamiento habitual de la persona. Detectarlo pronto permite estudiar sus posibles causas, establecer un punto de partida y actuar cuando sea necesario.
¿Es normal perder memoria con la edad?
Con el paso de los años pueden aparecer pequeños cambios en la velocidad con la que procesamos o recuperamos información. Una persona puede necesitar más tiempo para aprender algo nuevo, recordar un nombre o encontrar una palabra concreta.
Estos cambios no son equivalentes a una pérdida importante de memoria ni forman parte necesariamente de una enfermedad neurodegenerativa. Como explica la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos, el envejecimiento normal puede producir cierto grado de olvido, pero no debería provocar una pérdida drástica de memoria ni impedir realizar las actividades habituales.
Por eso, más que observar un olvido aislado, conviene prestar atención a su frecuencia, evolución y repercusión en la autonomía.
¿Qué señales relacionadas con la memoria conviene valorar?
Algunos cambios pueden indicar que es recomendable realizar una valoración profesional:
- Olvidar citas, conversaciones o acontecimientos recientes con frecuencia.
- Repetir las mismas preguntas sin ser consciente de ello.
- Perder el hilo de una conversación de manera habitual.
- Tener más dificultades para encontrar palabras conocidas.
- Desorientarse en lugares familiares.
- Cometer errores al gestionar la medicación, las cuentas o las tareas domésticas.
- Tener problemas para planificar o seguir los pasos de una actividad conocida.
- Mostrar cambios en la organización que antes no estaban presentes.
- Necesitar cada vez más ayuda para realizar actividades cotidianas.
- Percibir que los problemas avanzan con el tiempo.
También es importante escuchar al entorno. En ocasiones, son los familiares quienes identifican primero que la persona pregunta varias veces lo mismo, se organiza peor o muestra cambios que antes no presentaba.
Estas señales no confirman por sí solas un deterioro cognitivo o una demencia, pero sí justifican estudiar qué está ocurriendo.
Si la pérdida de memoria o la confusión aparecen de forma repentina, especialmente acompañadas de dificultades para hablar, pérdida de fuerza, alteraciones de la visión o desorientación intensa, es necesario buscar atención médica urgente.
¿Tener problemas de memoria significa tener demencia?
No. La pérdida de memoria puede estar relacionada con causas muy diferentes y algunas de ellas pueden ser tratables.
Entre los factores que pueden afectar al rendimiento cognitivo se encuentran:
- La falta de sueño o un descanso de mala calidad.
- El estrés mantenido.
- La ansiedad o la depresión.
- Determinados medicamentos.
- El consumo de alcohol u otras sustancias.
- Déficits nutricionales.
- Alteraciones metabólicas o tiroideas.
- Problemas cardiovasculares.
- Enfermedades neurológicas.
- El deterioro cognitivo leve o distintos tipos de demencia.
Por ello, no es adecuado asumir que cualquier despiste es consecuencia de la edad ni concluir automáticamente que se trata de Alzheimer. La evaluación debe estudiar el conjunto de síntomas, su evolución y el contexto de la persona.
¿Qué es el deterioro cognitivo leve?
El deterioro cognitivo leve se produce cuando existe un cambio apreciable en una o varias capacidades cognitivas —como la memoria, la atención, el lenguaje o las funciones ejecutivas—, pero la persona conserva en gran medida su autonomía.
No todas las personas con deterioro cognitivo leve evolucionan hacia una demencia. Algunas permanecen estables y otras pueden mejorar si se identifica y se trata el factor que está afectando a su funcionamiento.
Precisamente por eso es importante realizar un seguimiento. Contar con una evaluación inicial permite comparar la evolución de la persona a lo largo del tiempo y detectar posibles cambios con mayor precisión.
¿Cómo se evalúan los problemas de memoria?
La memoria no debe estudiarse mediante una única prueba ni de forma aislada. Una valoración completa comienza con una entrevista clínica y neuropsicológica que permita conocer:
- Cuándo comenzaron los cambios.
- Cómo han evolucionado.
- En qué situaciones aparecen.
- Cuánto interfieren en el día a día.
- Qué antecedentes médicos existen.
- Cómo son el sueño, el estado emocional y los hábitos de vida.
- Qué cambios ha observado la propia persona y cuáles ha detectado su familia.
Después pueden realizarse pruebas neuropsicológicas estandarizadas para valorar diferentes funciones:
- Memoria.
- Atención.
- Lenguaje.
- Orientación.
- Velocidad de procesamiento.
- Planificación y organización.
- Funciones ejecutivas.
El objetivo no es comprobar únicamente si la persona recuerda una lista de palabras. Se busca comprender cómo está funcionando de manera global y si existe un cambio significativo respecto a lo esperable para su edad, formación y situación personal.
En la Unidad de Neuropsicología del IASC, esta información se integra con la historia clínica, la observación y la repercusión real de los síntomas.
¿Qué puede aportar la cartografía cerebral o qEEG?
En determinados casos, la evaluación puede complementarse con una cartografía cerebral o qEEG. Esta técnica registra la actividad eléctrica cerebral mediante sensores y permite analizar cómo se distribuyen diferentes frecuencias, comparar regiones y estudiar cómo se relacionan entre sí.
La cartografía cerebral no diagnostica por sí sola un deterioro cognitivo. Su utilidad está en aportar información complementaria que debe interpretarse junto con:
- Los síntomas que describe la persona.
- La entrevista clínica.
- Las pruebas neuropsicológicas.
- Los antecedentes y hábitos de vida.
- Otras exploraciones que el equipo considere necesarias.
En casos seleccionados, esta información puede ayudar a comprender mejor el funcionamiento cerebral y a orientar intervenciones como la estimulación magnética transcraneal, el biofeedback o el neurofeedback.
Puedes ampliar esta información en el artículo del IASC sobre qEEG y mapeo cerebral.
¿Se puede prevenir el deterioro cognitivo?
No es posible garantizar que una persona nunca vaya a desarrollar una enfermedad neurodegenerativa. Sin embargo, sí existen factores relacionados con el riesgo de deterioro cognitivo sobre los que se puede actuar.
Las nuevas recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud plantean la prevención desde una perspectiva global y a lo largo de toda la vida. Entre los aspectos que deben cuidarse se encuentran:
- Mantener actividad física regular.
- Evitar el tabaco.
- Limitar el consumo de alcohol.
- Seguir una alimentación saludable.
- Controlar la hipertensión, la diabetes y el colesterol.
- Mantener una vida social activa.
- Participar en actividades de estimulación cognitiva.
- Tratar los problemas de audición.
- Cuidar el descanso y la salud emocional.
La prevención también consiste en conocer el punto de partida de cada persona. Una evaluación realizada cuando aparentemente todo va bien puede servir como referencia para futuras comparaciones y ayudar a detectar cambios de forma temprana.
¿Qué sucede después de una evaluación cognitiva?
El plan de actuación dependerá de los resultados y de las necesidades de cada persona. Puede incluir:
- Seguimiento periódico.
- Estimulación cognitiva personalizada.
- Estrategias compensatorias para el día a día.
- Pautas y ejercicios para realizar en casa.
- Recomendaciones sobre hábitos de vida.
- Orientación a familiares y personas cuidadoras.
- Derivación a otras especialidades cuando sea necesario.
La intervención no debe centrarse únicamente en una puntuación. Su finalidad es preservar la autonomía, reducir la repercusión de las dificultades y favorecer la calidad de vida.
Preguntas frecuentes sobre los problemas de memoria
¿Los olvidos siempre son un síntoma de Alzheimer?
No. Los olvidos pueden aparecer por falta de sueño, estrés, ansiedad, depresión, determinados medicamentos u otros problemas médicos. Es necesario estudiar cada caso antes de establecer una causa.
¿Cuándo debería consultar por una pérdida de memoria?
Cuando los olvidos son frecuentes, progresivos, afectan a tareas cotidianas o son percibidos también por familiares y personas cercanas.
¿Qué especialista evalúa los problemas de memoria?
La valoración puede requerir la participación coordinada de profesionales de neuropsicología, neurología, psiquiatría u otras especialidades, dependiendo de los síntomas y antecedentes.
¿Una evaluación neuropsicológica puede diagnosticar una demencia?
Aporta información fundamental sobre las capacidades cognitivas y su repercusión funcional, pero sus resultados deben interpretarse dentro de una valoración clínica completa.
¿Se puede evaluar la memoria aunque todavía no haya síntomas?
Sí. Una evaluación preventiva permite conocer el funcionamiento cognitivo actual y disponer de una referencia para futuras comparaciones.
Cuidar la memoria antes y después de que aparezcan los primeros cambios
Prevenir no significa alarmarse ante cualquier olvido. Significa conocer cómo funciona la persona, identificar los factores que pueden influir en su salud cerebral y actuar cuando existe una necesidad real.
En la Unidad de Prevención y Diagnóstico del Deterioro Cognitivo del IASC se valoran la memoria, la atención, el lenguaje, la orientación y las funciones ejecutivas mediante un abordaje personalizado y multidisciplinar.
Si has notado cambios en tu memoria o en la de un familiar, puedes solicitar una valoración para comprender qué está sucediendo y conocer los siguientes pasos.

